El final de nuestra etapa en el día de ayer, nos deparó una grata sorpresa en forma de alojamiento, pues pernoctamos en el pueblo de Meixide, muy cerca de Palas de Rei y esta pequeña villa, apenas un puñado de casas, revela, entre sus edificios más emblemáticos, un señorial pazo que en la actualidad está destinado a hostería de peregrinos y viajeros.
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| Pazo de Mariñao |
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| Detalle del escudo de armas de sus antiguos propietarios |
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| Un rincon de los jardines |
La tierra de los Ulloa está salpicada de estas magníficas construcciones, que han cobijado entre sus muros a muchas generaciones de caballeros y damas de rancio abolengo, y ese poso de nobleza ha perdurado hasta nuestros tiempos, mostrándonos vestigios de aquello que en siglos pasados se alzó en todo su esplendor.
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| Un par de detalles más |
No bien hubimos tomado posesión de nuestras habitaciones en el Pazo Mariñao, del que hablaremos con posterioridad, optamos por desplazarnos hasta Melide, pues estando cerca el mediodía era el momento de visitar alguna de las pulperías que desde esta población han alcanzado reconocimiento mundial. ¡Ya visitaríamos Palas cuando cayese la tarde!
Aunque son varios los establecimientos que ostentan una merecida fama por su forma de presentar este molusco, nos decantamos por visitar Casa Ezequiel, pues es toda una institución en la historia de Melide y nos gusta la disposición de sus mesas y su rápido servicio.
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| Daniel, antes de dar buena cuenta del pulpo en Casa Ezequiel |
Nuestras expectativas no se vieron defraudadas, y comimos opíparamente y por un precio muy asequible. Llegado este momento, decidimos volver a nuestro pazo para reposar un poco la comida y dedicar la tarde a conocer en profundidad la población de Palas de Rei.
La historia del Concello de Palas y toda la tierra que la circunda se presenta firmemente cimentada en la cultura castrense, pues son muchos los restos arqueológicos que aún se conservan, testigos todos ellos de inmemoriales asentamientos humanos.
Estos vestigios arquitectónicos nos hablan de tribus celtas, astures, quizás incluso cántabras, que eligieron estas tierras lucenses para asentarse y fundar castros, de los cuales podemos encontrar más de una veintena sólo en el Concello de Palas.
Merece la pena, si se dispone de tiempo, visitar estos lugares y disfrutar de mámoas como las de Ferreira y Fontecuberta, dólmenes y castros, como el de Sucastro en Lestedo, Castrillós en San Vicente de Maceda, el castro de Marzá, el castro de Moredo, los castros das Seixas (Merlán), San Xurxo (Augasantas), San Vicente de Ulloa, Mencide (Carteire), San Xián (San Xián do Camiño), Gontá (Coence), San Xusto (Repostería) y Remonde, un poblado en Vilar do Monte y sepulturas antropiodes de Chousa y Pacín.
Pero si nuestros gustos se alejan de las ruinas prehistóricas y preferimos linajudas construcciones, Palas también nos ofrece un buen ejemplo de arquitectura civil, como restos de fortalezas, torres, castillos o los pazos y casas blasonadas que adornan su geografía y que han servido de inspiración literaria a más de un ilustre escritor español.
Dentro de estos edificios cabe destacar la Casa torre de Quindimil, los restos de la Casa da Pena da Merla, en Santa María de Carteire, el pazo de Ulloa o de Vilamaior (Curbián), la Casa da Tulla o de Foncuberta o Pazo de Moreira, el Pazo de Laia que conserva el escudo de armas de los condes de Traba, de cuyo linaje saldría el fundador de Pambre, la casa de Ulloa, donde los Saavedra, Montenegros, Gayosos, Deza, se identifican con sus armas y escudos familiares, la antigua fortaleza del Castro de Seixas en la parroquia de Merlán, de donde procede este conocido linaje gallego, el Pazo de Pacheco , el pazo de Meixide o de Mariñao, que fue del marqués de Camarasa y que en el día de hoy nos servirá a nosotros de alojamiento y finalmente el Castillo de Pambre, fortaleza erguida por Don Gonzalo Ozores de Ulloa hacía el año 1375, y a la que hemos dedicado otra entrada en este mismo blog.
La ubicación de Palas en el Camino de Santiago ha favorecido desde tiempos remotos la edificación de iglesias y capillas, sobre todo románicas, de manera que aquellos que se decanten por la arquitectura religiosa disponen de más de cuarenta parroquias para su visita, entre las que proponemos las de Fontecuberta, Pidre, Albá, Canúño, Marzá, Ferreira, Meixide y por encima de todas la de Vilar de Donas, monumento histórico artístico desde 1931 y que ha sido objeto de un amplio estudio en otra entrada de nuestro blog.
Según la tradición, el municipio debe su nombre “pallatium regis” al palacio del rey visigodo Witiza, que reinaría entre los años 702 y 710. En Palas, Witiza habría matado al Duque de Galicia, Favila, padre de Don Pelayo.
Por aquí pasaba la vía “Lucus Augusti”, y ya en el siglo VI se constata su pertenencia al condado de “Ulliensis”, siendo la Edad Media un período de prosperidad para la villa, en buena parte gracias al Camino de Santiago. El “Códice Calixtinus” citaba Palas como parada obligada de los peregrinos para afrontar los últimos tramos de la ruta jacobea.
Palas, protagonista también en la segunda guerra carlista, fue uno de los escasos municipios en los que triunfó la sublevación en 1846, constituyéndose una Junta Revolucionaria. Las tierras de Palas de Rei sirvieron de fuente de inspiración a escritores como López Ferreiro, Álvaro Cunqueiro o Emilia Pardo Bazán.
Aunque son muchos y de muy bella traza los elementos arquitectónicos repartidos por el Concello, en el municipio sólo podemos encontrar el interesante templo parroquial de San Tirso, obra original del siglo XII, pero de la que sólo nos ha llegado la portada principal. Tiene ésta una sencilla pero armónica estructura abocinada con arquivoltas de medio punto con perfil de baquetón y guardapolvos ajedrezado. Los dos pares de columnas tienen capiteles de hojas voluminosas. Un tímpano liso completa dicha puerta.
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| Iglesia de San Tirso |
Este tipo de tímpanos aparecen sin figuración actualmente, pero en origen estarían pintados con escenas religiosas, normalmente con el Regreso de Cristo en el Juicio Final (Pantocrator, Evangelistas, Ancianos...) El resto de la estructura es de reciente construcción.
Por lo demás, sólo una estatua del Apóstol, una fuente coronada por un anónimo peregrino y una pequeña calle que lleva por nombre Travesía del Peregrino dan fe de la importante tradición jacobea de esta villa, que llevó a Aymeric Picaud a hacer aquí su última escala antes de llegar a Compostela.
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| Fuente con Peregrino |
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| Calle del Peregrino |
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| Ayuntamiento de Palas de Rei |